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Panorama político de Azul

El último tango en Azul

Por Carlos Comparato para diario "El Tiempo"

De la mitología arrabalera al desafío de la clase política en un año clave.
Lo que aparece y lo que se disimula.
Entre la conciencia social y Cambalache.
La poesía tanguera y lo que expresamos como país.

El paso reo mistongo se bate en el entresueño azuleño de verdades omitidas y simulaciones sin disimular.

Todo parece advertirse a simple vista pero no es tan así.

Como en un rezongo tanguero las admoniciones de la política juegan su lógica y todos están agazapados. Hay una mitología arrabalera que estructura a una Argentina inacabada. Es el sutil discurso que juguetea con las palabras como juega el gato maula con el mísero ratón mientras gime el bandoneón su tango gris.

¿Por qué la política tendrá tanto del simbolismo tanguero sublimada en el hombre despechado por la “mina” que lo abandona y se va con otro por el “vento” y ya no vale la pena llorar sumada la edípica relación con la “vieja” acollarada en el conventillo? Claro, aunque haya que emborrachar el corazón para después poder brindar por los fracasos del amor.

 

Tango y política criolla

 

Sólo el tango podría explicar la filosofía política criolla cargada de traiciones, peleas épicas, acomodos oportunos, deschave de ortivas si da lo mismo ser derecho que traidor…ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador. La visión pesimista y melancólica de las letras tangueras arrastra la conducta nacional y por eso no resulta sencillo torcer el rumbo. Era esa mirada taciturna de los inmigrantes que tenía que ver con su desarraigo y las penurias de nuevo mundo ¿Cómo rebatir a Enrique Santos Discépolo cuando escribió “Cambalache”? ¿Cuánto de igual y cuánto de distinto tenemos hoy en esta segunda década del siglo XXI? ¿Cómo construir el albur de una sociedad diferente pero, estar convencidos de ello arrastrando la añoranza orillera?

Dibujar otra mirada es todo un desafío porque no puede resultar lo mismo ser derecho que traidor. Por algo Malena canta el tango como ninguna y en cada verso pone su corazón perfumando su voz con el yuyo del suburbio y su pena de bandoneón.

La poesía se derrama sola y qué bueno sería que desde la política se entendiera a la poesía porque no está bien que los inmorales nos hayan igualado si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición y que de lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón.

 

Yira Yira y el otro

 

Porque también es cierto que cuando la suerte que es grela, fayando y fayando te largue parao, cuando no tengas ni fe ni yerba de ayer secándose al sol todo resulta más difícil. Ni hablar cuando te rajés los tamangos buscando ese mango que te haga morfar y la indiferencia del mundo que es sordo y es mudo recién sentirás.

¿Alguien se pone en la piel del otro? Hay una conciencia social perdida durante décadas que hoy intenta recomponerse con otros discursos y nuevas premisas lo que no quiere decir que no salten las contradicciones y un cierto “deja vu” como si la historia fuera una enumeración de capítulos que vuelven a vivirse desde una serie vieja de la televisión.

No todo es mentira ni tampoco nada es amor y al mundo debería empezar a importarle un poco, pese a Yira, Yira que en un fatalismo de la cultura porteña nos avisa que nadie nos va a dar una mano ni un favor.

También es verdad que las pilas de los timbres que apretás suelen (solían) estar secas y te impide encontrar un pecho fraterno para morir abrazao. Pero ¿quiénes son los que te dejan tirao después de cinchar y manyés que a tu lado se prueban la ropa que vas a dejar?

 

El otario que se puso a ladrar

 

En este año de políticos prometedores, de discursos grandilocuentes y acalorados, de eufemismos que se disecan solos, de trompetas que convocan a la sociedad a cruzadas heroicas sería bueno mirarse hacia adentro como sociedad y saber para dónde vamos sin perder la mirada crítica hacia el poder político o económico de cualquier nivel. Sino, habrá que acordarse de ese otario que un día cansado se puso a ladrar.

Porque en los próximo meses seguirán apareciendo candidatos a intendente de todos los colores y pelambres; algunos proclamando los grandes cambios, otros no tanto, varios intentando caer simpáticos a una sociedad que no es fácil; habrá quienes emitirán proclamas por el modelo nacional y popular mientras que los de enfrente se encargarán de cascotearles el rancho. En fin, para todos los gustos.

Claro, que también pedirán que le cuenten su condena, que le digan su fracaso mientras el bandoneón le lastima el corazón y “tu lágrima de ron me lleva hasta el hondo bajo fondo donde el barro se subleva”.

Tampoco se puede afirmar que la vida es una herida absurda aunque resulte, en ocasiones, un retazo del olvido.

 

La curda y la esperanza

 

Gran desafío para lo que se arropan de políticos este 2011 y el reto resulta apasionante. Porque hay ciclos políticos que concluyen, otros que consideran que aún hay mucha soga, porque hay una tentación a la exaltación del culto a la personalidad, porque la Argentina es la Argentina y Azul es Azul: imprevisible, maniqueo, arrogante, pesimista por origen y grandilocuente por verborragia.

Pero tanguero al fin, con el licor que marea mientras “arrea la tropilla de la zurda al volcar la última curda” y en la escena siguiente, suplica que le cierre el ventanal que arrastra el sol su lento caracol de sueño… “¿no ves que vengo de un país que está de olvido, siempre gris tras el alcohol?”, escribe Cátulo Castillo en una de las más bellas letras de tango que se abraza a la poesía en su última curda. Como el presente dispar, como el futuro atiborrado de secretos de la patria que aún nos esperanza.

 

Publicación: 20/02/2011 a las 23:04 - Última actualización: 24/02/2011 a las 02:35

 

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