Un 25 de mayo atípico, oportunidad para reflexionar

Cada 25 de mayo que vivimos desde que tenemos conciencia, es una fecha que con mayor o menos esfuerzo, muchas personas recordamos fielmente. Es un día tan distinto a los demás que al evocarlo se nos vienen a la memoria personas, situaciones y detalles que nos marcaron.
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Un 25 de mayo atípico, oportunidad para reflexionar

Todos vamos a coincidir que este lunes 25 de mayo no escapa a la lógica de un año extraño e impredecible. Nuestra mayor fiesta patria sin festejos, sin gente en las calles, sin niños luciendo orgullosos la escarapela. Esas son las circunstancias que se nos presentan y no tenemos otra alternativa que aceptarlas y adaptarnos, sabiendo que quedándonos en nuestras casas y respetando todas las medidas de precaución para minimizar las posibilidades de contagio, estamos cuidándonos unos a otros.

Pero lejos de desmotivarnos y sumar una tristeza más a estos meses grises, podemos aprovechar este feriado atípico para reflexionar y pensar activamente a los patriotas que protagonizaron la gesta más importante hasta ese momento en las tierras del Virreinato del Río de la Plata.

Como mujer apasionada de los procesos, de la construcción política gradual, del camino y no solamente del objetivo final, siempre me gusta recordar los días previos a ese viernes lluvioso de 1810 que cambió nuestra historia para siempre.

La noticia del apresamiento del Rey de España por parte de Napoleón Bonaparte terminó de caldear un ambiente en el que ya convivían desde hacía tiempo intereses dispares y luchas políticas muy importantes. 

La semana previa al 25 fue una auténtica revolución: marchas y contramarchas; un Virrey deslegitimado que hacía lo posible para mantener un poder que, en los hechos, ya no tenía; criollos que coincidían en la necesidad de una nueva administración, pero diferían en sus características y los medios para lograrla; un pueblo cada vez más comprometido con los asuntos públicos.

Como fuimos aprendiendo a lo largo de los años, la Semana de Mayo fue mucho más compleja que el cuadro elemental que incorporamos desde pequeños: las cintas celestes de French y Beruti, un grupo de hombres deliberando en el Cabildo, el pueblo bajo la lluvia esperando conocer el desenlace de los acontecimientos. 

Saavedra, Castelli, Belgrano y todos los demás fueron personas comprometidas y decididas, pero también seres humanos con temores, contradicciones y equivocaciones. No tiene sentido, más de 200 años después, cultivar una imagen prístina de quienes empezaron a darle forma a un país que seis años después declararía su independencia total de España. 

Precisamente, la grandeza de aquellos héroes -y de los hombres y mujeres cuyos nombres quedaron olvidados en la historia- reside en su capacidad enorme de privilegiar el bien público sobre sus deseos personales; su tenacidad y su inteligencia para ser unos adelantados a su tiempo. Si en casa y en las escuelas, los adultos tenemos la valentía de transmitir a nuestros chicos una imagen más humana de nuestros próceres, lograremos bajarlos de los cuadros y demostrarles con hechos que todos podemos ser, de alguna manera, como ellos. No fueron semidioses ni personas perfectas, sino humanos extraordinarios.

Ojalá el próximo año nos encuentre a todos en las calles, festejando con alegría un nuevo aniversario de nuestra Primera Junta de Gobierno. Y mientras tanto, no perdamos la oportunidad de recordar de la forma más humana y auténtica posible cada gesta que marcó nuestra historia y nos permitió convertirnos en un país libre y democrático. 

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