Azul: ajuste y pandemia

Opinión Por Nahuel Mirande Partido Obrero Tendencia
La acotada declaración de emergencia financiera decretada por el intendente Bertellys, es la profundización del presupuesto de hambre aprobado para este año. La crisis del Covid 19 le ha servido al ejecutivo para poder blanquear la propia. La penosa situación financiera que la ciudad viene arrastrando hace largos años se torna insostenible en este contexto.
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El municipio se encontraba funcionando a duras penas con lo mínimo e indispensable, agudizando el desfinanciamiento del hospital, y sin dar respuestas al conjunto de las demandas y necesidades de las barriadas. El riesgo de que las arcas queden nuevamente al descubierto hace peligrar el cobro de salarios de 1800 trabajadores, en su mayoría contratados que cobran muy por debajo del mínimo, a los que incluso se les ha negado el aumento del 3,5% que les corresponde desde enero. Aún más preocupante es la situación de los tarjeteros del estacionamiento medido, quienes se encuentran negreados por el estado comunal, y ante la suspensión de sus funciones han quedado en total desamparo.

Según el secretario de gobierno, Alejandro Vieyra, lo que desató la emergencia económica fue la reducción del cobro de las tasas, escondiendo bajo el tapete una deuda pública de $238.000.000, que con un crecimiento del 50% interanual representa algo más del10% del presupuesto. Para el ejecutivo, el desequilibrio fiscal del mes de marzo fue motivo necesario para anunciar el remate de capitales municipales, vehículos y bienes inmuebles, como así también, “la reasignación de los recursos humanos para una mayor productividad”, reducción de costos-gastos, y la “racionalización de programas municipales”. Una política similar a la implementada por Galli, Intendente de Olavarría, donde se anunciaron despidos municipales, suspensión de obras públicas y de licitaciones, dejando arbitrariamente en manos del ejecutivo las contrataciones. Lo que aúna a ambas gestiones es el modo en que han vertido la crisis sobre el hombro de los trabajadores, por un lado, y el exoneramiento de impuestos al capital por el otro. Tanto es así, que Loma Negra, -la cementera más grande del país-, ha reducido un 20% sus tributos en medio de la pandemia, y no se descartan despidos en la construcción de L amali.

En provincia el ministro Pablo López volvió al mercado para conseguir liquidez, el Ejecutivo emitió Letras del Tesoro para cubrir deficiencias de la caja. La reducción de los montos de fondos de coparticipación, y la demora en los envíos de los destinos, ha desatado una crisis entre los jefes comunales del interior y el gobernador. Los ejecutivos de los distritos se encuentran emberrinchados reclamando los fondos educativos, aunque, no con el propósito de mejorar las escuelas que se caen a pedazos como lo hace la docencia. El fondo educativo se ha convertido en una caja dinámica, que es utilizada a gusto y placer de los tribunales de cuentas que dependen de los departamentos ejecutivos. 

El gobierno y las patronales rompen la cuarentena

La crisis del Covid encuentra  a las cooperadoras de los hospitales pidiendo donaciones, y con trabajadores de la trinchera juntando monedas para comprar las herramientas adecuadas,  anunciando que en Azul no hay margen de error. Las habladurías del intendente como espadachín de la salud son pura demagogia. Incluso han sido los trabajadores de los frigoríficos los que han puesto contra las cuerdas al jefe comunal, denunciando en medios locales los atropellos patronales, que incumplen todos los protocolos de seguridad e higiene, y la inacción de bromatología. Trabajadores del frigorífico EFASA viralizaron por redes sociales capturas de roedores, -que ellos mismos han tenido que exterminar-, denunciando a su vez, que no se les permitía usar barbijo, que no existía ninguna condición de higiene, e incluso que uno de los encargados de la planta había concurrido con fiebre y entablado contacto con los operarios. 

Según una denuncia publicada en redes y medios (23/3), extranjeros de países sumamente afectados por la pandemia (EEUU, Israel, Brasil) han pasado sin controles por la planta Azul Natural Beef. La denuncia anexaba la demanda de los operarios ante la falta de jabón, alcohol en gel, agua caliente para la limpieza de botas y elementos del uniforme, como así también, de lavandina para la limpieza de los suelos y superficies. Por otro lado, se planteaba que las condiciones edilicias de la planta no cumplen con la disposición y la distancia entre los trabajadores.  Para ello es necesario la reducción de horas y la rotación del personal sin afectar el salario. La gestión Bertellys le ha colocado el broche a la desidia del empresariado local aprobando todas las irregularidades que persisten hasta hoy. Al parecer, los favores de campaña no han entrado en cesación de pagos. El estado y el capital son rompedores seriales de la cuarentena y potenciales propagadores del coronavirus. La explotación de los trabajadores por sobre el resguardo de sus vidas, y las del conjunto de la sociedad es la regla. La producción esencial de alimentos ha sido descriptada por la burguesía como de interés propio, la contradicción entre la fuerza de trabajo y el capital recorren cada rincón del mundo. Se abre el debate entre los trabajadores para elaborar un protocolo propio de seguridad e higiene, que responda al cuidado de su salud y, en definitiva, de sus propias vidas.

El programa mínimo: protocolos de seguridad e higiene votados en asambleas, reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario. Apertura de los libros contables del municipio, ningún despido y el pase a planta de los trabajadores municipales bajo convenio, con un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar.

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